Me encanta viajar. Disfruto de cada escapada, visita, excursión, aventura. De todo el proceso que supone preparar una nueva ilusión a punto de hacerse realidad. Pero también hay algún punto no tan positivo que tenemos que ir controlando. Y es que el estrés, la plaga de hoy en día, también se acaba colando muchas veces en los viajes, y puede estropear la experiencia. Además, de muy diversas formas.

Las discusiones previas con quien vayamos a compartir la experiencia para decidir qué priorizamos y qué se quedará para otra ocasión; los accidentes o problemas de salud surgidos fuera de casa y rodeados de desconocidos; el estrés por ser puntual con todo lo que se nos había ocurrido reservar… Podríamos estar horas. Siempre pueden surgir complicaciones. En estos casos, no hay otra que apechugar. Y encontrar la calma para que todo acabe encauzándose lo mejor posible.

Uno de los mayores errores que cometemos cuando no hemos viajado mucho, es la excesiva planificación de lo que vamos a hacer en el lugar de destino. Evidentemente, no podemos ir a ciegas, sin saber qué vamos a ver, por dónde nos vamos a mover, o qué platos típicos probaremos. Pero no es necesario hacer una programación matemática. Una vez sepamos cuáles son los puntos irrenunciables para nosotros en ese viaje, llega la hora de improvisar. Eso hará que la experiencia se sazone con un poco de emoción y, además, nos hará encontrar sitios, gente, o ingredientes, que jamás nos habríamos imaginado. El hecho de viajar consiste en introducirse en la vida del otro país, pueblo o región. Si viajamos para estar encerrados en una ruta artificial que nada tiene que ver con la vida diaria de ese sitio, jamás lo conoceremos de verdad. Habremos viajado a medio gas. Y encima mirando al reloj para intentar llegar a todo.

SEGURO SANITARIO

Uno de los mayores problemas que podemos tener en un viaje es algún tema de salud. Si viajas por España y eres residente, sólo es necesario que seas previsor y lleves contigo tu tarjeta sanitaria de la Seguridad Social. Lo normal es que, estés en la Comunidad Autónoma que estés, te cubran cualquier problema sanitario. Si además tienes algún seguro privado, llévate la tarjeta identificatoria contigo. No te cuesta nada incluirla dentro de tu bolso de mano, en el que lo normal es que lleves también tu DNI y alguna tarjeta de crédito.

Otro tema es cuando te pasa en el extranjero. En un país que no es el tuyo. Donde no sabes cómo pedir ayuda. Hace ya tiempo que las compañías de seguros te cubren para cualquier problema por un precio muy bajo. Dependerá del destino y del número de días o semanas que estés fuera de casa, pero, a partir de algo menos de 30 euros, puedes tener acceso a un seguro privado que te cubre incluso el uso de un avión medicalizado hasta un centro sanitario en tu país. No vale la pena, teniendo esta opción al alcance de cualquier bolsillo viajero, jugársela a todo o nada. Puedes tener desde un esguince hasta un problema grave de salud. Y, en cualquiera de esos casos, nada será fácil para ti si no te has cubierto las espaldas antes de salir de casa.

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