No me gusta nada hacer planes con excesiva antelación. Tengo comprobado que, cuanto más planeo, más acaba torciéndose cualquier proyecto. Pero en el ritmo actual que vivimos es necesario planificar un mínimo las salidas viajeras. Es evidente que, si viajamos solos, reducimos al máximo las complicaciones, pero hay que tener en cuenta que, la mayoría de las veces, solemos  ir acompañados. Sin embargo, estos días, organizando dos de las escapadas que tengo previstas para los próximos meses, a pesar de ser una con compañía y la otra por mi cuenta, ambas comparten una serie de características importantes respecto a la distribución del presupuesto. Ahí van los puntos fuertes:

Presupuesto. Parece obvio, pero dependerá de este primer punto que el viaje salga bien o que se quede a medias. Y no hablo de una suma elevada de dinero, sino de buena distribución de las cantidades. Tengo comprobado que, a partir de 300-400 euros por persona, se puede empezar a hablar de un viaje relámpago a algún lugar de Europa o del norte de África. Y es que en España somos realmente afortunados de estar en este punto geográfico, desde el que podemos abarcar muchos destinos interesantes. Todo dependerá también de las prioridades que tengamos. No es lo mismo un presupuesto de este tipo que otro más generoso. Con menos de 500 euros tendremos que renunciar a algunas cosas, pero no significa que ese viaje vaya a merecer menos la pena. A veces es justo al contrario.

Medio de transporte. Para mí este punto, una vez sepamos el dinero del que vamos a disponer, es el que determinará el resto de los puntos del viaje.  Cada medio de transporte es bueno dentro del objetivo de cada viaje. Si nos vamos lejos y por pocos días, el avión será nuestro mejor aliado para apurar al máximo la visita. El tren nos vendrá genial para destinos más cortos. Sobre todo dentro de la Península Ibérica. Además, siempre suele ser más económico, y tiene la ventaja de que sus estaciones suelen estar en las zonas más céntricas de las ciudades. El autobús será el más económico de todos, pero tal vez el más pesado, por la cantidad de tiempo extra que vamos a tener que invertir en él. Y el coche es perfecto si vamos  a llenarlo con 4 ó 5 personas, ya que el gasto de la gasolina nos saldrá a cuenta al repartirlo de manera equitativa entre todos. Además, es el único que, una vez te encuentres en tu lugar de destino, te permitirá moverte con mucha más libertad.

– La  época. Es genial viajar en invierno. Pero es poco práctico. La ropa abulta mucho más, y, si recurrimos a la maleta de tamaño reducido, podremos llevarnos muy pocas cosas. Ir de viaje tampoco es sinónimo de poco arreglado. Necesitarás ropa para cambiarte si sales por la mañana, por la tarde y por la noche.  Sobre todo si es en entornos urbanos. Así que si eliges la primavera o el verano, no hará falta que seas tan selectivo con la ropa que escojas. En cuanto al presupuesto, siempre será más económica la segunda quincena de agosto que la primera, o finales de septiembre antes que el puente de octubre. Si tenemos la suerte de poder elegir las fechas  de salida y de llegada, podemos huir de los precios de temporada alta y aprovechar mucho más el presupuesto.

El destino. No es lo mismo viajar a Londres que a Lisboa. Ambas ciudades son preciosas y únicas, pero la primera requiere de un presupuesto más elevado que la segunda. Podemos elegir entre pasar dos noches y tres días en Londres, o tres noches y cuatro días en Lisboa. Todo depende de qué es lo que queremos priorizar. A veces infravaloramos destinos más económicos, hasta que los pisamos en persona.

Alojamiento. En estos tiempos, los hoteles están perdiendo algo de protagonismo frente a otro tipo de alojamiento. Tenemos los Bed & Breakfast, los albergues, o los pisos o apartamentos preparados para turistas. A lo mejor, si sólo voy a tener tiempo para recorrer las zonas más importantes de Lisboa, me compensará gastarme un poco más en un hotel céntrico y algo más caro que en otro más económico pero en una zona más alejada. A mí últimamente me están conquistando los apartamentos preparados para viajeros. Me permiten hacerme mi cena o mi desayuno en una zona con gente del lugar, y sentirme más imbuida en su ambiente. Además, es una manera perfecta de reducir el gasto de las comidas y, con ello, ajustarme más al presupuesto.

La maleta. Si viajas en avión, para evitarte este gasto, acostúmbrate a llevarla de mano y respetando el peso exigido. No te gastarás dinero en algo que podrías haber evitado. Haz una lista de todo los productos de higiene o de uso diario que vas a necesitar. Evitarás gastarte dinero en el destino en algo que podrías haberte ahorrado.

Vestuario. Me encanta mi ropa, porque define mi personalidad, pero jamás me llevo ninguna de mis prendas favoritas. Corro el peligro de que se me extravíe. Es buena idea hacer un listado unas dos semanas antes de hacer el viaje. Así veré si tengo todo lo que me hará falta o si tengo que comprar algo. Esto, evidentemente, también se incluye en el presupuesto. Algo que también suelo hacer es dejar espacio libre en la maleta para comprarme alguna prenda de ropa en el lugar de destino.

Las comidas. Vale que no es lo mismo cenar algo suelto que algo más elaborado. Todos nos hemos comprado alguna vez el desayuno o la cena del viaje en algún supermercado o tienda para todo cuando hemos estado fuera de casa. Pero en este punto he acabado aprendiendo que prefiero quitar presupuesto de otras cosas y poder disfrutar de la comida de la zona. Tampoco salimos de casa para pasar hambre o contando el dinero del monedero. Así que puedes ponerte un presupuesto para las comidas de cada día y moverte con un ligero margen de error. Si vas con más gente, para desayunos, meriendas y cenas podéis hacer un bote y cubrir este gasto entre todos.

Compras de souvenirs. A no ser que vayamos en coche y el maletero permita meter más cantidad de cosas, hay que ser cuidadoso, porque en medios de transporte públicos habrá un control del peso o de la cantidad de bolsas que llevemos. Así que tampoco es necesario que nos gastemos medio presupuesto en detalles para los amigos y la familia. Algo poco pesado y que nos quepa en el bolso de mano será perfecto. Hay quien establece la tradición de llevarse un libro o una prenda de ropa de cada sitio que visita. Yo prefiero matar dos pájaros de un tiro y llevarme algo de la gastronomía del lugar para degustarla luego con la gente que no me ha acompañado en el viaje.

Seguro de viaje.  Si sales de España hazte con un seguro sanitario de viaje. No tienes por qué tener ningún problema de salud fuera de casa, pero son cosas que pasan. Desde unos 30 euros te puedes quitar la preocupación de estar en un momento delicado y peleando por tus derechos.

Dicho esto, aparte del presupuesto con el que haremos frente a todos estos gastos, es muy importante contar con un extra de dinero. Nunca se sabe si nos va a hacer falta tirar de fondo para acabar la experiencia sin ningún susto de última hora al mirar la cuenta o la cartera.

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