Por primera vez en mi vida me negaron el servicio por ir sola. La única opción era comer lo que ellos me indicaran, y compartiendo mesa sin preguntar si estaba de acuerdo 


Pues no. Nunca me había pasado. Hace muchos años que voy sola a innumerables sitios, y nunca había sido un problema ir sin acompañante. Nunca me había sentido la extraña de la isla por querer MI mesa para MÍ SOLA

Ya de entrada, donde traté de reservar mesa una semana antes de llegar a Tabarca, fue imposible. No contestaron a mi petición vía e-mail, que es lo que te sugieren en su web, y pensé que tal vez no hacían mucho caso de las RRSS.

Al llegar a Tabarca, lo primero que hice al bajar del barco fue dirigirme directamente al local en el que había intentado reservar, para asegurarme de que podía aprovechar la mañana siguiente con tranquilidad.

En persona, tras apuntar mi nombre y recalcar que la mesa era para mí, el camarero vino detrás de mí, preguntando si seríamos 6 chicas o más (¿he mencionado yo ese número?), y se quedó todo sorprendido cuando le repetí una vez más que era mesa para una. Para mí sola.

COMIENZA MI ROMERÍA

Al día siguiente me dirigí al chiringuito a la hora acordada.

El camarero que me atendió esta vez también mostró su sorpresa cuando le recordé que era mesa para una persona.

Fue a preguntar y, tras pensarlo mucho, dar un par de vueltas, y darme un NO inicial, me acabaron ubicando.

Y aquí vino la segunda sorpresa: no podía comer lo que yo quisiera. Literalmente, me dijo el camarero que no les resultaba rentable que pidiera un plato de arroz, que eran mínimo para dos personas. Y yo, de familia valenciana, comiendo en restaurantes valencianos toda la vida, sabiendo que, si cocinas una paella grande, puedes servir platos sueltos.

Así que, señores, si saben tanto de arroces, les sugiero que hagan un paellón. Verán cuánta gente les pide un plato de arroz suelto. Vayan solos o acompañados.

Pero yo quería probar los arroces, o, al menos, poder elegir de la carta lo que yo quisiera, no los platos que me indicaba gustosamente el camarero, con lo que me levanté y empecé la segunda parte de mi romería: tratar de comer sola sin haber reservado antes.

Mi ruta intentando comer como todo el mundo fue desde los chiringuitos que hay al lado del puerto, hasta dentro del propio pueblo.

En todos los locales me miraban raro si decía que quería una mesa para mí, seguido de un rotundo NO. En uno de ellos me llegaron a decir que me sentara dentro (con un calor de mil demonios y sin aire acondicionado), porque la mesa libre que había en la parte exterior no me la iba a dejar solo a mí. No había nadie más haciendo cola, ni preguntando ni reservando. La mesa era una cuadrada de bareto. Sobran los comentarios.

tabarca

El pueblo de Tabarca por la noche

MIS SALVADORES

Como te contaba en el post sobre pros y contras de viajar sola, me dio por reírme y seguir investigando. Tenía claro que no me iban a amargar la experiencia ni los prejuicios ni la mala educación.

Y al fin aparecieron mis salvadores: el Café Bar Pata Palo. El dueño, el camarero Juan, el encargado de la barra… Todos encantadores, dispuestos a que no me fuera sin probar bocado.

Comí como una reina, con mi gazpacho y un sándwich vegetal gigante. Vale. No era arroz. Pero tuve la libertad de elegir lo que yo quería de todo lo que ofrecían en su carta. Que es al fin y al cabo lo que pides: que te traten igual que a todos los demás.

Te hablaré de ellos en la próxima entrada de esta serie de Tabarca, pero desde aquí quiero darles las gracias por su amabilidad y por el buen rollo que desprendieron. Además, ofrecen una relación calidad precio MUY buena, y a un precio low cost en un lugar tan turístico. Chapeau.

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Tabarca mirando al mar

LA IMAGEN TAMBIÉN CUENTA

Haciendo balance, no puedo decir que la experiencia en Tabarca fuera mala, pero en algunos aspectos la atención al visitante es MUY mejorable.

Porque no todo es hacer caja. La imagen de un establecimiento es igual de importante que tener rentabilidad. Si sólo te preocupas de aumentar tus beneficios, pero no das un servicio de calidad, no eres el local que muchas andamos buscando. O muchos, que aquí el género es lo de menos.

Y, a pesar de que mi conclusión general de la isla es positiva, a la gente que me pida consejo le indicaré dónde, personalmente, NO iría jamás.

No voy a dar nombres, porque allá cada uno con su trabajo, pero no tienes más que pasearte por la zona de chiringuitos, para ver que en TODOS los carteles de menú ponen claramente ‘Mínimo dos personas‘.

Para no alargarlo más, y ya que estamos, las paellas de estos locales no son las mejores del mundo. Si tienes la suerte de comer en la casa de alguien natural de la isla, podrás probar una caldereta de verdad o un arroz de los buenos. Pero esto te lo cuento en el siguiente post de esta serie.

¿Te has ido alguna vez de viaje por tu cuenta y te ha pasado algo parecido? Abajo puedes dejar tu comentario.

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Mirando hacia Santa Pola

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