Cuaderno de viaje Italia 2024 | Día 2, Verona

Verona

Juraría que en Verona el balcón de Julieta es un gancho para los turistas incómodos y poder salvaguardar con ello las otras maravillas de la ciudad


3 de agosto de 2024. Viajar con Trenitalia es una maravilla. La compañía de trenes que te desplaza por todo el país, enlazando ciudades grandes y no tan grandes, nos deja hoy en la estación de Verona Porta Nuova en algo menos de una hora saliendo desde Bologna.

Una de las mejores decisiones al organizar el viaje fue comprar los billetes con antelación porque, además de ahorrarte esa pérdida de tiempo en el destino, te obliga a mantener una disciplina de horarios y el día viene ya organizado por sí solo. Además, el Véneto ha resultado ser una zona estupenda para moverse en tren, con lo que, tras las primeras 24 horas en el país, queda claro que ha sido la mejor elección.

Porque nunca te irías de ciudades como Bologna, y este viaje serán sólo siete días para una primera toma de contacto, y no hay tiempo que perder, con lo que el tren también va organizando la marcha y la agenda de cada día.

En otro orden de cosas, revisando el mapa en el tren, confirmamos que el hotel que hemos reservado en Verona está en la zona opuesta al casco antiguo. Así que al llegar cogemos un taxi para dejar las maletas.

Sólo nos cobra 10€ y llegamos en cero coma.

De hecho, acabamos intuyendo que en Italia las opciones como Cabify no están tan extendidas como en España, ya que en la aplicación sus precios son al menos el doble que los de los taxis.

Como decía, llegamos al hotel y, aunque aún no podemos acceder a la habitación, nos guardan las maletas y nos explican que en la misma calle el autobús 41 nos dejará en pleno centro.

Así que nos ponemos nuestros vestidos de verano y salimos a la calle.

Es hora de visitar Verona.

La casa de Julieta

Tal y como nos han comentado en el hotel, cogemos el autobús 41 en la misma calle, y nos movemos al centro por 1’5 euros cada billete.

El calor sigue siendo intenso. Pero es 3 de agosto. No se le pueden pedir peras al olmo y el verano es lo que tiene.

Cuando llegamos a la parada donde se encuentra el Castelvecchio, comenzamos a pasear por el centro de la ciudad y lo primero que me sorprende es comprobar que la cantidad de turistas no es tan exagerada como esperaba. Sobre todo para tratarse de plena temporada veraniega.

Al rato, descubrimos dónde se han escondido todos: en la casa de Julieta.

Y, como se trata de la típica «visita obligada«, aunque cada vez soy más contraria a hacer el plan del típico turista, nos colocamos en la cola. Es larga, pero finalmente no tenemos que esperar muchos minutos para entrar en el patio, que es gratuito, a diferencia de la casa, por la que sí que hay que abonar una cantidad entre 6 y 12 euros.

Pero al entrar en el patio de la casa y verme rodeada de una masa de gente que no sé de dónde ha salido y que se turnan uno detrás de otro para tocarle uno de los pechos a la estatua, juraría que en Verona el balcón de Julieta es un gancho para los turistas incómodos y salvaguardar con ello las otras maravillas de la ciudad.

Y es que, mientras todos andan apretados en este pequeño patio, tocándole un pecho a la protagonista shakesperiana, esa misma tarde, en la plaza del Arena, se respira un ambiente sosegado, mientras algunos entran al anfiteatro para congratularse con su Arena di Verona Opera Festival, a 300€ la entrada.

Al salir de la casa de Julieta, una típica lluvia de agosto interrumpe la excursión y corriendo acabamos en un local de comida para llevar, en el que pedimos para comer un pack de pizza de cebolla y otro de atún y verduras, con Coca-Cola Zero, fruta y agua. ¿Precio total? 10€ cada una. Entre eso y que las dependientas han sido de lo más amables, damos la comida por exitosa.

Encima, al salir, la lluvia ya ha escampado y el tiempo nos permite dar otro paseo por el centro antes de volver al hotel en el autobús 41 sobre las 16:15 horas para hacer el check in.

Al llegar, lo observo con más detenimiento, y el hotel resulta estar pegado al recinto de un colegio o de una orden religiosa. Entre eso y que la ventana da al patio, con grandes árboles, me siento un poco como en casa.

Plan de tarde

Tras haber descansado un rato con el aire acondicionado demasiado fuerte, sobre las 18:30 volvemos a la parada del autobús 41 y nos dirigimos de nuevo al centro de la ciudad.

Al llegar nos dirigimos hasta el Arena de Verona, que se encuentra ubicado en una plaza preciosa, con mucho ambiente local, en parte generado por el festival de ópera que se celebra esos días en el interior del monumento.

Como no está incluido en el presupuesto semejante gasto, optamos por sentarnos a cenar en una de las múltiples terrazas que hay en un extremo de la plaza. Pedimos un antipasti con queso, una ensalada con burrata y un Spritz Aperol para cada una. Total: 20€ por persona, de los que 5€ son por cubierto. Algo que acabaremos comprobando que es un concepto que incluyen en la cuenta el 100% de los locales. 

La cena resulta agradable y ya empieza a tomar forma el que será uno de los recuerdos más nítidos de esta salida. Porque el verano en el que recorrí en tren el Véneto de Italia será el del Spritz Aperol en cada ciudad en la que acabemos atracando.

Verona

La noche ya ha llegado a Verona, como siempre, algo más pronto que en la península ibérica. Así que nos dirigimos al puente medieval de la ciudad. Desde ahí comenzamos a andar en dirección al hotel para encontrar un taxi, que acaba apareciendo en menos de 10 minutos.

Esta vez nos toca un conductor antipático, quien conduce muy deprisa y que acaba dando más vuelta de la necesaria. Pero finalmente sólo nos cobra 11€.

Mañana partimos hacia Venecia.

Nos han faltado tantas cosas por ver que me salta el estribillo que repito cada vez que un sitio me ha conquistado…

«Y que volver no sea sólo una opción…»


Otras entradas de un viaje por el Véneto italiano:

Cuaderno de viaje Italia 2024 | Día 1, Bologna

 


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