Capítulo 23: Turismo de experiencias, ¿se pueden comprar las sensaciones?

cadaques

Desde hace unos años en el sector turístico están ofreciendo opciones alternativas para que viajar no sea sólo acudir al destino elegido, hacer cuatro fotos en los lugares icónicos marcados por las guías de viaje y volver


¿Te has planteado en alguna ocasión viajar con un plan alternativo al turístico y organizado con el objetivo de “hacerte sentir emociones”? 

Como si estuvieras en la siguiente temporada de Juego de Tronos o en la siguiente fase de la Leyenda de Zelda y llevando el casco y el escudo de Link, cruzando el bosque encantado.

Tal vez aún no se está llegando a este nivel en España, pero sí que es cierto que desde hace unos años en el sector turístico están ofreciendo opciones alternativas para que viajar no sea sólo acudir al destino elegido, hacer cuatro fotos en los lugares icónicos marcados por las guías de viaje y volver.

Así que en este capítulo te hablamos sobre el turismo de emociones y del turismo de experiencias, que no son el mismo concepto pero casi. El objetivo es siempre hacerte vivir una experiencia mágica o, al menos, diferente.

En Hosteltur lo definen como “nuevos productos que despiertan emociones intensas y casi inmediatas”.

Por ejemplo, se organizan actividades como la del Caminito del Rey en Málaga, de la que se comenta que ha sido “uno de los caminos más peligrosos del mundo” en un paisaje espectacular y con su propia historia.

Otra agencia de viajes ha creado un paquete turístico en el que se organiza un rastreo por la montaña buscando una estatuilla que desapareció en la Guerra Civil y que siguen sin encontrar.

En abril hablábamos también con Julio de la Fuente del turismo de festivales, que ha estado en auge en las dos últimas décadas, y con el que se ha conseguido poner en el mapa localidades como Burriana, con el Arenal Sound; o una visión diferente de Benidorm con su festival indie LOW en pleno mes de julio y que ha atraído a un tipo de público que en principio no estaría interesado en conocer este destino y menos en esas fechas de pleno verano.

¿Otras opciones?

París en bicicleta, el Londres de Harry Potter, el New York de las chicas de Sexo en Nueva York o la Kenia de Memorias de África, si apuntamos un poco más lejos con otras agencias.

Y es que las opciones no se acabarían. Tienes para elegir donde quieras, cuando quieras y con quien quieras.

Parece demostrado que con este turismo experiencial se generan unas emociones positivas que hacen que el cerebro genere dopamina y que te enganches a este tipo de emociones, queriendo repetir inconscientemente esa sinapsis, esa conexión neuronal.

Con todo esto, se está empezando a generar un tipo de viajes/salidas/turismo en esa dirección: vivencias satisfactorias que muchas veces están por encima del destino en sí.

Tal vez, ante la vida hastiada y de estrés que nos toca vivir, durante nuestro tiempo libre buscamos vivir EMOCIONES que nos abstraigan del día a día.

Se llega hasta tal punto que se están creando ofertas que ofrecen integrarse en la forma de vivir y en la cultura o el medio ambiente del lugar, propiciando sensaciones que de otro modo no se experimentarían.

Además, muchas de estas experiencias acaban haciéndose virales construyendo una imagen corporativa natural y cercana, con experiencias de calidad, y por ende consiguiendo tener muchos comentarios positivos en las RRSS, lo que acaba elevándolas al Olimpo de los más visibles en las búsquedas.

Y esto, aunque parezca contradictorio, lleva a que se interactúe de una manera más personalizada con los locales y con los organizadores. No son touroperadores lanzando packs para cientos de viajeros, sino instituciones o pequeñas agencias que te lo ofrecen de tú a tú, y eso hoy es un plus ante tanta oferta despersonalizada.

También le han empezado a poner nombre a todas estas experiencias y cada tipo de turismo ya es bautizado con el nombre perfecto para su nicho: turismo de vértigo, turismo de salud, turismo de emociones, turismo congresual, viajes sorpresa, con propósitos extravagantes, gastronómicos o culturales muy específicos…

Hay un reportaje muy bueno al respecto, en la web de la agencia EFE, en el que Ricardo Segura recoge unas declaraciones de Alberto Alcolea, el director ejecutivo de WowTrip, en las que menciona que “el turismo está evolucionando y ahora las escapadas se convierten en un desahogo y las cifras avalan esta realidad: viajamos un 80 % más que nuestros padres”.

Parece que al fin está desapareciendo el turismo de salir, hacer cuatro fotos a los monumentos de rigor y volver. Esto ya se quedó obsoleto.

Pero no olvidemos que esa idea que propugnan muchos especialistas del sector de “contratar emociones” puede acabar llevándonos a que convirtamos determinados destinos en auténticos parques de atracciones, como ya sucede en lugares como Venecia o la Torre Eiffel de París.

Así que, realmente, lo que busca este tipo de salidas es salir del turismo de masas.

Turismo de experiencias en España

¿Ejemplos en España algo sencillos y naturales?

1. Hoy en día ya puedes hacer espeleokayak por el río subterráneo más largo de Europa en les Coves de la Vall d’Uixó.

2. Puedes irte una semana, o unos días, a hacer un retiro de yoga con la escuela Ikigai.

3. También está la opción de retiro espiritual en monasterios de Castilla y León, como el de Santo Domingo de Silos.

4. Viaje fotográfico, como el que hice yo con Jota Barros a Lisboa.

5. Sesión de foto nocturna con el fotógrafo Sergio Arias.

6. Ruta nocturna en verano para ver las perseidas en muchos emplazamientos con mar.

7. Turismo gastronómico con muchos talleres en el destino, para aprender a cocinar el plato más típico, con productos de la zona. O los enológicos de toda la vida.

8. Alquilar una barca y pasarse el día entero recorriendo las calas de Mallorca.

Muchas de estas propuestas lo que están consiguiendo es generar un turismo sostenible en zonas donde hace un tiempo no era posible.

El turismo del surf

En la web consultoriaturistica.com te marcan los puntos más destacables de el turismo del surf en España, que en general puedes practicar a lo largo y ancho de toda la península, y al que se dirigen personas que buscan estancias en la naturaleza y con la opción de poder practicar deporte.

Un turismo slow que busca construir un destino responsable, como está pasando actualmente en Cádiz, donde se ha estado implantando esta oferta en los últimos años. Poco a poco, sin prisas, de una manera consciente y fomentando el turismo gastronómico conociendo los productos de la zona, y el respeto por el medioambiente.

Pero no es la única opción desarrollada en España con respecto a este tipo de turismo.

Tenemos cerca de 8000 kilómetros de playas en sitios como:

1. La Playa del Quemao, el ‘Hawái europeo’, en La Santa, Lanzarote.

2. País Vasco, con la espectacular ola izquierda de Mundaka en Vizcaya.

3. Playa de la Zurriola en Guipúzcoa.

4. Pasando por Galicia con la Playa de Pantín en Valdoviño (A Coruña), apta para practicar surfing durante todo el año, y la Playa de Razo en Carballo (A Coruña), un lugar perfecto para la iniciación en la práctica de Surf.

5. Asturias con la Playa de Rodiles en Villaviciosa, situada en la Reserva Natural Parcial de la Ría de Villaviciosa de la Costa Oriental de Asturias y una de las 4 mejores olas de Europa.

6. Cantabria con Punta El Brusco, Playa de Trengadín y Playa de Berria entre Noja y Santoña.

7. Andalucía, con la Playa de la Yerbabuena en Barbate (Cádiz), situada en el Parque Natural de la Breña y Marismas del Barbate.

8. Y fuera de España me quedo con una de la península, en Portugal, donde un día apareció ante mis ojos Praia do Guincho. La descubrí por casualidad, como siempre aparecen las cosas bonitas, y a la que le cuadra a la perfección un texto de Forrest Gump, en el que el protagonista del mismo nombre afirma que «a veces paraba de llover por un tiempo para que la estrellas salieran, y eso era agradable. Era como justo antes de que el sol se pusiera sobre el canal. Había siempre un millón de chispas en el agua como aquel lago de la montaña, era todo tan claro (Jenny), parecía como si hubiese dos cielos, uno sobre la cima del otro. Y luego en el desierto, cuando el sol salía, no podía distinguir dónde el cielo terminaba y la tierra comenzaba. Era tan hermoso.»


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