Capítulo dedicado al Día de la Radio y a locutores de emisoras locales, a técnicos guardando silencio en la cabina, a periodistas, colaboradores, profesores…
Cuando era pequeña quería ser reportera, así que para los Reyes de 1985 (año arriba, año abajo) me pedí la Chabel Reportera.
También me llegó un magnetofón enorme, de color azul y con un micro igual de grande para ir persiguiendo a los mayores y grabarlos en mi cinta de cassette de 120 minutos.
Así que cuando veníamos a pasar el día a Madrid me encantaba pasar con el coche por debajo del Pirulí. Me imaginaba que cuando fuera mayor andaría por aquí haciendo reportajes y entrevistas a gente importante y que saldría en el telediario.
El sueño al final lo cumplí. No en RTVE, pero sí trabajando en emisoras de radio y en prensa escrita. Con lo que podría afirmar que desde que ando por el mundo he tenido muy clara mi vocación.
Y además, mi vida, como la de mucha gente de mi generación, ha girado siempre en torno a la radio. Las ondas nos han acompañado en casi cada momento memorable.
Recuerdo esa destreza que teníamos buscando la sintonía del programa en cuestión. Cómo mi hermana y yo memorizábamos cadenas, horarios, frecuencias de nuestros programas favoritos…
O aquella noche del 22 de mayo de 1997 en la que nos despertamos alertadas por unos movimientos inexplicables. Recuerdo que hasta las camas se movían solas. Parecía un Expediente X. Asustadas, encendimos el transistor despertador que teníamos siempre sobre la mesita de noche y ahí estaba el locutor de guardia, informando sobre el mayor seísmo de la provincia de Lugo desde 1969, con una magnitud de 5,3 en la escala Richter.
Por aquel entonces vivíamos en Burgos y recuerdo que esa noche tuvimos la radio encendida mientras los oyentes llamaban y contaban cómo lo estaban viviendo, ya que por nuestra zona se notaron bastante las réplicas.
Eran tiempos muy diferentes a los de ahora. Casi nadie tenía móvil y mucho menos un ordenador con conexión a Internet para estar actualizado a tiempo real, como estamos ahora.
Todo ese universo informativo del último minuto giraba en torno a la radio.
Y creo que ese momento del terremoto en Galicia fue uno de los decisivos para que yo unos años después quisiera formar parte de algún modo de todo este mundo radiofónico.
Eran tiempos de Encarna Sánchez y su Directamente Encarna, sonando en la cocina al volver del colegio y su ¡Qué maravilla, mesa camilla! rodeada de folklórikas como Marujita Díaz.
Del vozarrón de Luis del Olmo y su Protagonistas
De José María García, Antonio Herrero, Iñaki Gabilondo, Pedro Ruiz, Constantino Romero…
Y también de muchos locutores de emisoras locales siempre accesibles para sus oyentes en su provincia o en su localidad.
O de programas míticos como La gramola de M80 presentada por Joaquín Guzmán, a quien hoy la gente de aquella generación recordamos con mucha nostalgia.
Los 40 principales a todas horas en el transistor que compartía con mi hermana.
Los mil viajes en coche que hacíamos con mis padres por toda la península, sobre todo por Castilla y el norte de España, y siempre con la radio de fondo acompañándonos.
Así que era sólo cuestión de tiempo que viera de un modo natural que tal vez mi sitio podía estar ahí.
En el piloto rojo, con mi voz navegando por las ondas, entrevistando con la grabadora en una mano y el boli en la otra, recortando y recomponiendo audios, redactando para la emisión de las 13:50, hora peninsular…
Así que me apetecía dedicar este capítulo del Día de la Radio, el 13 de febrero, a algunas de las personas que me han acompañado en algún momento de mi vida radiofónica en mi viaje por las ondas. A locutores de emisoras locales, a técnicos guardando siempre silencio en la cabina, a periodistas, colaboradores, profesores…
A todas esas voces que han andado alguna vez por las ondas con el ansia de comunicar que nos acaba atrapando a muchos.
No están todos los que son, pero sí que son todos los que están.


