Hubo un tiempo en el que comenzamos a perdernos las primaveras. A nuestros ojos casi no fue perceptible, ni extremadamente llamativo, pero hubo una luz en la mirada que fue apagándose sin querer.
Nos perdimos las primaveras y todo lo que ellas conllevan. Hasta que, cierto día, fue la misma primavera quien decidió coger las riendas del asunto. Y nos vinieron a buscar al mismísimo fin del mundo, encendiendo luces por doquier. Y entonces nos bastó con coger con fuerza la mano que nos fue a despertar.
Secreto: La primavera jamás se va. Somos nosotros quienes nos marchamos.



